NEO-LIBERALISMO


neoliberalismo La wikipedia define el término neoliberalismo como “la abreviación de ‘neoclassical liberalism’ (liberalismo neoclásico). Neologismo que hace referencia a una política económica que considera contraproducente el excesivo intervencionismo estatal en materia social o en la economía y defiende el libre mercado capitalista como mejor garante del equilibrio institucional y el crecimiento económico de un país, salvo ante la presencia de los denominados fallos del mercado.” El neoliberalismo, por su propia definición está íntimamente ligado al liberalismo: doctrina política que defiende las libertades y la iniciativa individual, y limita la intervención del Estado y de los poderes públicos en la vida social, económica y cultural entregando la economía a los agentes privados.

A la vista de la idílica descripción anterior cualquiera puede pensar que estamos hablando de un sistema estupendo. Pero no nos dejemos engañar, se trata de una trampa tremenda, una trampa tan peligrosa como deshumanizada.

Para que ese sistema se pudiese materializar y que fuese tan verdadero, justo e igualitario como estupendo, habría que declarar patrimonio de la humanidad todos los recursos del planeta, empezando “todos” los seres humanos, sin excepción, desde “cero”, comenzando por distribuir entre todos por igual los recursos naturales de que disponemos de modo que a partir de ese momento “todos” contásemos con las mismas posibilidades. Porque esa palabra “liberalismo”, que dice defender la libertad e iniciativa individual, lleva implícito que sólo lo podrán llevar a la practica aquellos que anteriormente ya se han apropiado de los recursos necesarios (naturales, económicos y materiales) y por ende han ajustado las leyes que ellos mismos dictan a los políticos para beneficiar a los que dirigen esas iniciativas individuales (a los que yo llamaba en un artículo anterior “los de arriba”), aquellos que de antemano poseen bienes y propiedades conservadas y heredadas, cuando no directamente expoliadas, y la mayoría de ellas conseguidas con el esfuerzo colectivo de muchas otras personas y aprovechando los recursos de nuestro planeta. Nuestro planeta, el de todos los seres humanos.

Pero en la práctica esta idílica situación es imposible pues a ello se negarán los que están en la cima de la pirámide social y que, como hemos comentado anteriormente, ya disponen de esos recursos heredados o conseguidos de diversas formas. También se negarán aquellos acostumbrados a manejar información privilegiada, a la que pueden acceder por “estar” donde “están”, siendo que “están” donde “están” por haber dispuesto de información privilegiada a la que han accedido por que “están” donde “están”…

Por eso digo que estamos ante una trampa, una gran estafa. Porque lo que hemos podido constatar en los países de tradición neo-liberal es que los “fallos del mercado“ mencionados en la definición de neoliberalismo, se traducen en que el sistema tiende a extender la corrupción (el cohecho no es delito, es simple negocio), tiende a facilitar la especulación sin control con lo que sea (materias primas, alimentos, suelo, dinero…) con una falta de respeto total al medio ambiente y al planeta, al que consideran una fuente ilimitada de recursos; eliminando las fronteras en pro del sagrado “mercado” y el movimiento especulativo de capitales, pero tremendamente restrictivo con la libre circulación de personas (pobres, se entiende), llegando a invadir territorios para, con fines estratégicos, hacerse con los recursos naturales que en dicho lugar haya. En definitiva, apropiarse de los recursos de todos para beneficio de unos pocos.

Son muchos los que creen que con la política neo-liberal una sociedad madura es capaz de subsistir sin la protección del Estado y como consecuencia el pago de impuestos resulte innecesario. De hecho, el mensaje con el que los medios de comunicación de corte “neo-con” nos bombardean día sí y día también, es que los impuestos que pagamos sirven para pagar prestaciones sociales a los inmigrantes y para ayudas al desarrollo de países del tercer mundo, incidiendo en que quienes realmente “importamos” somos nosotros; que lo público es deficitario y que hay que reducir, cada vez más, los estados. Así, enarbolan la bandera de la “libertad individual frente a los gobiernos”. Pero eso es una colosal mentira. Suelen ser los primeros en recibir jugosas subvenciones gubernamentales, en aplaudir las intervenciones militares, en reclamar “mano dura” en forma de más Derecho Penal, más policía, más cárceles… En realidad, esa “libertad individual” que cacarean consiste en negar oportunidades a quienes realmente necesitan de lo “público” para ser ellos quienes rebañen hasta la última moneda.

Levante-EMV   16/10/2010

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